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Comunidad de las Hijas de la Caridad

 

Peñas de San Pedro ha contado con una comunidad de las Hijas de la Caridad. A esta comunidad han pertenecido cuatro hermanas: Sor Irene, Sor Pilar, Sor Encarnación y Sor Dolores. En la actualidad una hermana trabaja desplazándose desde Albacete. La comunidad de Peñas fue fundada en 1923 teniendo como principal actividad la enseñanza. Las hermanas han tenido en Peñas colegio y guardería. Actualmente la actividad de la comunidad es el testimonio evangélico con la presencia, pastoral social, pastoral en la parroquia y visita a aldeas...

La comunidad de las Hijas de la Caridad es muy valorada dentro de la parroquia como por todo el pueblo. Solamente con su presencia entre nosotros, las hermanas evangelizan.

Dentro de las actividades las hermanas llevan adelante la Asociación de la Medalla Milagrosa, las antiguas Hijas de María. A este grupo están asociadas la inmensa mayoría de las mujeres de nuestra parroquia. Las hermanas se dedican también a propagar la Medalla Milagrosa con el Triduo en honor de la Virgen que todos los años se realiza en la Capilla de las hermanas.

Peñas ha vivido en octubre de 2004 con tremenda alegría el cincuentenario de la colocación de la Virgen Milagrosa del Castillo. Y todos los años, un domingo de octubre se celebra el aniversario de su colocación como protectora de nuestro pueblo. Meses antes, Peñas tuvo que despedir con tremenda gratitud y tristeza, en una misa llena de esperanza y en la que participó todo el pueblo desde los más pequeños a los mayores, a la promotora de la restauración de la imagen del castillo, Sor Inés Percaz, Hija de la Caridad, que se despedía repentinamente de nosotros en agosto y fue enterrada en el campo santo de nuestro pueblo.

¿Quiénes son las Hijas de la Caridad?

Las Hijas de la Caridad de San Vicente de paúl y Santa Luisa de Marillac, fundadas en París en 1633, es una Sociedad de Vida Apostólica en comunidad. No son religiosas; viven su entrega a Dios sirviéndole en los más pobres. Su fin es estar al lado de los desheredados de la sociedad, compartir su vida, colaborando en su promoción integral.

El centro de sus vidas es Cristo, que las llama y anima a continuar su obra, siendo instrumento de la ternura de Dios, para que, los injustamente pobres, sientan el amor que Él les tiene y en ellos descubran y amen a Cristo.

Viven en comunidad, en la que comparten la Fe, la Vida y rehacen sus fuerzas para la Misión. También asumen los Consejos Evangélicos por votos no religiosos, que cada año renuevan y así están disponibles para el fin de la Compañía: el Servicio de Cristo en la persona de sus hermanos los pobres desde la sencillez, la humildad y la caridad.

El Sí de las Hijas de la Caridad

Era un día normal y, en lo normal de todos los días, María fue visitada inesperadamente. Lo extraordinario le llegó como nos llega a todos en el ordinario quehacer cotidiano:

“El Señor está contigo... María”, le saludó el Ángel. Y María se asustó. Como yo... como tú. Nunca te esperas el camino que Dios te traza.

Hoy a cada Hija de la Caridad, también la llama el Señor y le propone posibles a su medida, lo imposible ya lo realiza Él.

¡Alégrate, porque Dios se ha fijado en ti...”
¡Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad!

¿Qué es la medalla milagrosa?

Es un regalo de Dios al mundo. Expresa la manera de actuar de Dios que se goza en los sencillos y humildes (Mt. 11, 25-26)

Es un signo de la bondad de Dios. A través de maría se nos regala la salvación. Lo que María recibió, su Hijo, que es la GRACIA, es lo mismo que ella nos da: “las gracias que derraman sus manos”.

Es un signo de la protección de Dios. En un mundo donde quieren dominar los que prescinden de Dios, María nos dice que los que desean vivir el Evangelio de su Hijo serán ayudados: “los que lleven la Medalla con fe recibirán grandes gracias”.

Es un signo de la presencia de María. María nos acompaña con su protección maternal. La Medalla es como un testamento porque la misma Virgen manda a Catalina acuñar una medalla de acuerdo al modelo que la propia Virgen diseñó.

Es un signo de amor. En nosotros se tiene que convertir en una invitación a la fe absoluta en ese Amor: en el amor a Dios y en el amor a María. La Medalla es, también un signo religioso. Nos pide que no la convirtamos en algo mágico que falsifica nuestra unión a Dios. Debe ser un compromiso de vida que nos ayude a cumplir la Voluntad de Dios, como lo hizo María: “He aquí la esclava del Señor”.

¿Quién es Vicente de Paúl?

Vicente de Paúl fue un hombre que supo mirar y escuchar los sufrimientos de su pueblo; descubrió al mismo Jesucristo encarnado en los cuerpos sufrientes de los galeotes, niños abandonados, hambrientos, explotados, los del pueblo analfabeto y abandonado espiritualmente. Este encuentro le llevó a entregar su vida día a día por amor a ellos, por amor a Cristo.

Fue un hombre de profunda oración y profunda acción. Incansable fundó a los Padres Paúles, para que evangelizaran y sirvieran al pueblo pobre.

Con la ayuda de Santa Luisa de Marillac, creó las Cofradías de la Caridad. Pero Dios les llevó a los dos a descubrir que los pobres necesitaban a “pobres mujeres” a tiempo completo para su servicio, y así surgieron las Hijas de la Caridad; las primeras mujeres que tendrían las calles y los pobres como el lugar de encuentro con Cristo. Una verdadera revolución en una Iglesia que hasta el momento sólo comprendía la vida consagrada femenina, desde la clausura.

Fue revolucionario, por Amor a Cristo y a los Pobres, que supo leer en los signos de los tiempos, la voluntad de Dios.

Fiestas Vicencianas más importantes celebradas por la parroquia:

15 marzo: Santa Luisa de Marillac
25 marzo: Anunciación. Renovación de votos.
27 septiembre: San Vicente de Paúl
18, 19 y 20 de noviembre: Triduo de la Milagrosa
21 noviembre: Santa Catalina Labouré

Dirección de la Comunidad de Peñas

HIJAS DE LA CARIDAD
Plaza Mayor, 3
02120 Peñas de San Pedro (Albacete)
Teléfono: 967 29 80 77

ADIOS A LAS HERMANAS

Me marcho tan pobre como vine,
llevándome tan sólo lo que traje,
mis manos y mis pies para el servicio
como único equipaje,
y un rosario de latón entre mis dedos
apuntando el motivo de mi viaje:
anunciar el evangelio con mi vida
y vivirlo a la intemperie, sin ambages.

Me marcharé, por fin, una mañana,
hacia otra misión desconocida:
Siempre en la vida la tarea de los pobres
como partida habiéndome dejado un trozo de mi vida
en el surco labrado que han de segar
un día las hoces y machetes de otros operarios
enviados a las mieses maduras y crecidas.

Pero llevo conmigo en la mochila
los rostros de los niños y las niñas,
las luces del crepúsculo del anciano,
los llantos y las risas de mi pueblo
las danzas de mi gente,
los trinos de los pájaros,
las noches en la capilla,
de la mano de la Virgen Milagrosa
desde donde escucho la voz susurrante de Santa Luisa:
«Sed empeñosas en el servicio de los pobres...
amad a los pobres, honradlos, hijas mías,
y honraréis al mismo Cristo».

El rostro del Señor he contemplado.
El amor de este pueblo, mis Peñas,
a quien tanto he amado, y, lo más importante:
Me marcho igual de pobre pero en amores rica.
Y sólo pido a Dios salud para el camino
y una barca en algún puerto donde poder partir a nuevos mares,
donde los pobres seguirán siendo mi faro.

Lo demás no me importa,
que nunca me faltaron motivos para encontrar
donde gastar mi vida en servicio alegre del Reino.
La Virgen en lo alto del castillo,
El mismo Dios por las calles del pueblo,
Una lagrima callada y una sonrisa,
Una oración a la Virgen:
Me marcho tan pobre como vine,
llevándome tan sólo lo que traje,
mis manos y mis pies para el servicio como único equipaje.